Lo que comemos y bebemos influye directamente en el rendimiento deportivo. Llegar bien hidratado y con energía suficiente marca la diferencia en cualquier entrenamiento.
Es recomendable tomar agua antes, durante y después de la actividad física, sobre todo en los días de calor. Una comida liviana un rato antes de entrenar y una buena recuperación posterior ayudan al cuerpo a responder mejor.
Para planes de entrenamiento más exigentes, la consulta con un profesional de la nutrición permite ajustar la alimentación a las necesidades de cada persona.