El avance de la tecnología permite a los estafadores generar fraudes digitales con mayor rapidez y, sobre todo, más convincentes. Frente a esta nueva generación de engaños hay hábitos sencillos que pueden ayudarnos a no caer: parar, pensar y verificar
Si un internauta de 2019 pudiera navegar por las redes sociales de hoy quedaría perplejo ante la dificultad para distinguir algunos vídeos generados por inteligencia artificial (IA) generativa de vídeos reales. En tan poco tiempo la tecnología ha evolucionado tanto, señala Carmen Torrijos, lingüista computacional especializada en este campo, que el ojo humano puede tener grandes dificultades para detectar determinados contenidos creados de manera sintética. Y los estafadores se aprovechan de ello. “Ahora tienen la posibilidad de crear anuncios, webs o de imitar la voz de personas en poco tiempo y con un resultado excelente”, añade.
Ese mismo internauta dudaría ante los sofisticados fraudes que cada día se lanzan a la red, como los anuncios de inversiones en los que se suplanta la identidad de personas conocidas, las tiendas online que venden productos inexistentes o las notas de voz que llegan de repente en forma de mensaje en nombre de un familiar que pide ayuda. “Vivimos un tiempo en el que consumimos contenidos cortos que nos exigen una reacción muy rápida, por eso son el caldo de cultivo perfecto para los engaños digitales”, alerta la experta.
Para luchar contra tanto espejismo existen tecnologías para detectar contenido sintético, pero ninguna ofrece una detección universal y completamente fiable, agrega Torrijos. Solo queda entrenarse en unos hábitos básicos para cambiar nuestra exposición a este tipo de trampas. Siga leyendo.
En las redes sociales proliferan contenidos creados con IA que utilizan imágenes, sonidos o textos impactantes, a menudo protagonizados por figuras públicas, para difundir contenidos falsos o manipulados y conseguir que el usuario haga clic. Estas son algunas señales para detectarlos:
Suplantan la identidad de personas o entidades conocidas. Recurren a fotos o vídeos generados con IA de famosos, sin su consentimiento, para explotar la confianza que genera un rostro popular. También pueden utilizan la imagen de compañías conocidas o medios de comunicación a través de sus logos y sus colores corporativos.
Prometen un producto o un servicio extraordinario. Lo más común, explica Martín Vigo, fundador de la empresa de ciberseguridad Triskel Security, son las inversiones que ofrecen grandes beneficios en poco tiempo. También se crean anuncios engañosos de videojuegos para el móvil. “Muestran unos gráficos de alta calidad en la publicidad que luego no se corresponden con los reales, mucho más básicos”, agrega el experto.
Crean una falsa sensación de urgencia. Presentan sus ofertas agresivas como una promoción limitada o exclusiva para quien la recibe.
El fraude se produce fuera del anuncio. Llevan al usuario a una página donde se le exige un pago por el supuesto servicio, se le solicitan sus datos personales a través de un formulario de captación, o se le redirecciona a una conversación en una plataforma de mensajería donde se continúa con la estafa.
El mayor engaño tras los anuncios: la estafa de inversión. Las falsas inversiones son uno de los principales usos fraudulentos de los anuncios generados con IA. En este fraude, el delincuente actúa como asesor financiero al frente de una empresa falsa, desde la que promete rentabilidades muy altas si se le confía dinero o criptomonedas. Los estafadores aseguran que la cantidad inicial puede multiplicarse hasta por diez.
Después de realizar el primer pago, el estafador suele mostrar a la víctima los rendimientos a través de una aplicación falseada. Entonces le sugiere una aportación mayor. En el momento en el que el inversor decide recuperar su capital, se le exige más dinero, en concepto de comisión o pago de impuestos. Si paga, la estafa continúa; si no, el estafador se esfuma y con él todo lo invertido.
Comercios ‘online’ falsos, creados al detalle mediante IA
